Cruel
en el callejón hay susurros en el silencio
el niño que jugaba en las calles
ya no juega más con carritos o balones ,ni en los callejones
ahora usa agujas, botas militar y atuendo en camuflaje
su colección es diversa entre armas y huesos de animales
y sus pieles..., algunas son artificiales
su sonrisa es fría como el hielo
pero sus manos cálidas como la sangre en su cuerpo
escoge bien a su presa
con su mirada hipnotiza a los ojos que posan en su sonrisa
delicada, dulce y algo inocente no pierde el tiempo
le gustan con una mirada de tristeza para
saborear mejor el aroma y la delicadeza en su navaja
finge ser un ángel bajo la sombra de un demonio
para comerse lo más puro de las almas
que sacrifica haciendo dulces jugos
él tiene todo tipo de armas
cuchillos afilados
que no usa solo en la cocina
a veces hasta en su almohada
pistolas largas y cortas
anchas, y pequeñas
aun lo recuerdo en mi piel y como sonreía mientras cortaba
incesantemente, “tan suave” ...
me decía, mientras su risa retumbaba en mi oído
sus manos tan grandes lograban sostener mi cuello, callaban mi sonido
como un pequeño animal a punto de ser sacrificado
sentía pena por mí y sin darme cuenta...
pero ahí estaba, amando lo más cruel
el me encerraba día y noche en esa casa
y aun así, era mi dios, por el me quemaba las manos una y mil veces
un dios con sutilezas de rencor, cada caricia era una dulce ofrenda que le daba a cambio de un poco de misericordia de besos amargos como el aroma a ron de su boca
que le gustaba a veces recorrer por mi cuerpo
le concedía lo que quería, él tenía un altar bajo mi vista
yo era el altar…
me poseía cuantas veces quería
yo era su arma...
sus pies se detenían en mi espalda
cada noche dormía a sus pies
a veces me besaba...
yo era una rosa sin espinas afiladas pero que poco a poco se
enterraban en su piel
desee enredarme en ella y cortarla finamente tajo por tajo
disfrutando el gemido y el olor a pútrido de sus entrañas
ya no me extrañaras, pero yo lo hare
cada sonrisa fría
cada sutileza de caricias
en cada arma y chuchido afilado
estará tu mirada y tus manos asfixiándome
lentamente en el piso y bajo de el
y entonces si no encuentro eso
buscare y buscare hasta hallar lo más cruel
y le diré
serás lo más cruel, y te amare hasta morir
pero nada me podrá hacer más daño
que yo...
-Marianna Colette
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