Sabes que durante muchos años han luchado más de lo que
muchos serían capaces, sabes que has conseguido sobrevivir a tormentas en las
que muchos se habrían ahogado, y has vivido toda la vida con un anhelo de
superación y una esperanza que precisamente ahora has perdido.
Y es que, desde esta nueva perspectiva, los baches de
tristeza, las crisis existenciales, los desengaños, tanto en el amor como en la
amistad, la pérdida de fe en la vida, el odio hacia uno mismo o incluso el
abuso por parte de los otros que has experimentado te parecen intrascendentes.
Porque cuando vivos cada segundo preguntan hacerte si
realmente quieres seguir existiendo con una parte de ti que te perturba y te
tortura, y con la que sabes que deberás vivir toda la vida, cuando te das cuenta
que haces marcha atrás y que esta infección te irá robando todo hasta
consumirse té y matarte, incapacitante y limitando tu voluntad, entonces el
tiempo no pasa.
Porque estás enfermo.
Porque por mucho que luches, por mucho que intentes
desentenderte, por mucho que llores y grites desbordado de rabia e
impotencia, nunca más volverás a ser el mismo.
Porque ya no te queda ninguna
ilusión en la que te puedas apoyar. Vas a crecer, y dejaste de soñar.
Porque te vuelves completamente loco.
Porque ahora tu mundo gira hacia esta infección, y intentas
aferrarte a los demás, los recuerdos, los lazos y vínculos que aún te unen con
el mundo exterior, pero poco a poco, vas abandonando, vas perdiéndote vas
distanciando y cada vez tus percepciones parecen más difusas. El mundo se te
muestra como un abismo, como un espejismo en el que no puedes acceder.
Se te
cae encima.
Vivirás contando cada instante deseando que se acabe, y
progresivamente, la esencia de las cosas te empezará a resultar lejana y borrosa.
Los principios, las ideas más inamovibles y arraigadas comenzarán a ponerse en
cuestión, como si la idea que tienes de la vida se desembarcara, se desprendiera
de ti, como si por primera vez comienzas a contemplar el mundo tal como es en
realidad.
Y no te gustará lo que verás.
Porque pasarán los años, el contexto será diferente, tal vez
te habrás hecho fuerte y aprenderás a caminar, tal vez dejarás de sentir un
dolor que te atraviesa el pecho.
Pero no podrás hacer más que dejar que el tiempo se vaya. Porque
siempre, siempre, te ataras de una cosa.
La libertad.
Porque serás prisionero de ti mismo hasta que mueras.
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